9 de septiembre de 2010

La pura tentación

Así era la cosa
Plaza Mayor S. XVII
Plaza, ciudad, monumento e intrusos

De ese lugar socialmente bautizado como “El Zócalo” –así con mayúsculas- podemos decir muchas cosas, me ocuparé de ello en otro momento y, por que no, en otro espacio. Lo que ahora resulta relevante ante el título y objeto de este espacio son su “monumentos”.

Esta plaza, como cualquier otra, es espacio tentador para colocar en ella lo que su administrador en turno considere oportuno, independientemente de sus intenciones, ya sean estas de orden oculto, visible o indescifrable.

Por su condición histórica, urbana y simbólica, la plaza hispanoamericana ha sido espacio para el desarrollo de todo tipo de aconteceres históricos, la imperiosa necesidad de los estados y sus gobiernos para dejar símbolos que recuerden o cubran ciertos acontecimientos de relevancia histórica, o no, se ha hecho patente en el espacio de la plaza. El Zócalo de la Ciudad de México ha sido constante muestra de elementos urbanos, escultóricos, políticos y comerciales en todas sus formas, variedades e intenciones.

Me lo dejan bien parejito
Plaza Mayor S.XVIII


Forma, escala, uso e intención.

La otrora Plaza Mayor de la Ciudad de México ha sido receptora de todo tipo de elementos que dan para todo tipo de reflexión y especulación académica y/o social (¡teóricos marxistas, no se abstengan!), por ahora solo daré cuenta de los mas relevantes en términos históricos. Horca y picota (entendiendo por esta última  una columna de piedra o madera en las que se exponían los cuerpos o cabezas de los ajusticiados por la autoridad civil, elemento suprimido oficialmente por la constitución de Cádiz de 1813) fueron los primeros protagonistas simbólicos de esta plaza, dejando claro que la plaza pública tenía dueño y por tanto autoridad. La fuerza del estado, dirían algunos, autoritarismo, otros.

Después le seguiría la fuente, muestra de progreso y de la preocupación incipiente del estado por dotar de servicios públicos a sus gobernados, asunto derivado por cuestiones del “higienísmo urbano” planteado durante el renacimiento y traído al “nuevo mundo” por los virreyes formados durante el periodo Borbónico español. Este elemento urbano primero poseía únicamente un valor de uso al ser simple contenedor y posteriormente se le incorporó un valor de cambio (en este caso simbólico) transformándose en objetos artísticos para la ornamentación urbana. La segunda fuente de la plaza Mayor fue elaborada en España y obsequiada a la colonia por el rey como símbolo de su infinita bondad o, según la lectura, como mínimo agradecimiento por los favores y territorios recibidos.

En todo caso la fuente llegó a Hispanoamérica para quedarse, su representación política, estética, funcional, ornamental y de elemento geográfico (siempre marca el centro del espacio de la plaza ordenando las actividades en torno a ella) en poco se ha modificado. Como rémora de la fuente comenzaron a aparecer “mágicamente” representaciones escultóricas de quienes renovaban la plaza, construían nuevas fuentes u ordenaban el mercado que dentro de la misma plaza se generaba, es decir, representaciones del gobernante en turno o en su defecto, de quien lo había nombrado. Esculturas que para bien o para mal se establecieron en el sitio durante menos tiempo del que gobernaron quienes las ordenaron. De su calidad y representación poco se sabe y mucho se ignora.

En su momento la Plaza Mayor de la ya para entonces Nueva España dejó salir los antiguos elementos simbólicos y escultóricos de la antigua ciudad. El virrey Revillagigedo quien gobernara de 1789 a1793, llega para hacerse cargo de la Nueva España, descubre el caos imperante en la ciudad y comienza una amplia serie de reformas urbanas. Drenajes, reconstrucción y cancelación de acequias, alineamientos, la eliminación del rastro al costado oriente de catedral, la dotación de agua, limpieza, asoleamiento y elimina la fuente (que según las crónicas era la mar de sucia y apestosa), la horca y la picota. De refilón nivela la plaza dejando de ser de tierra para colocársele piedra.

Durante estas obras se descubren “casi a raíz” La piedra del sol y la Coatlicue, las cuales el gobierno virreinal reconoce y se adopta como símbolo de la cultura anterior, del conquistado. Ambas esculturas se conservan como muestra de que los conquistadores españoles dominaron una ciudad y una sociedad, y no simplemente un territorio de salvajes. La primera se coloca a un costado de la catedral para ser exhibida públicamente, la segunda denostada por su apariencia “diabólica” es enterrada nuevamente en los patios de la antigua universidad. El tema no resultaba nuevo y de las ruinas que Cortez dejó enterradas sobresalieron estos elementos con toda su carga simbólica.

Junto a estas acciones reformadoras Revillagigedo decide “hermosear” la Plaza Mayor y para ello debe ordenar y zonificar las múltiples actividades que en ella se realizan. Decide la construcción del mercado del Parián para contener la actividad comercial. Sus reformas hacen que los cronistas de la época lo considerarán “el primer urbanista moderno” de la Nueva España. Su ilustre predecesor el Marquéz de Brancinforte diseña y construye una rotonda cercada en cuyo centro se ubica la estatua de quien le otorga el puesto: Carlos IV (monumento ahora conocido como “el caballito”), suprime el cementerio del costado poniente de catedral, decide la edificación de la barda atrial para “delimitar las actividades de la iglesia” y con ello separar por primera vez lo profano de lo sagrado y de paso poner al centro, no solo de la plaza sino también del territorio conquistado, un elemento de gran carga simbólica: su Rey a caballo.

Tan bonito como el puesto
Plaza Mayor S. XVIII


Con ello la plaza se sacraliza, y si aquel virrey lo pudo, el resto de los gobernantes muestran su talante e intención histórica. Con la consumación de la Independencia la Plaza se vuelve lugar de culto a los héroes, arcos triunfales, estatuas, monumentos futiíes y grandes fiestas populares se realizan para recibir a los nuevos héroes y sus posteriores coronaciones. Gobiernos e iglesia la toman como propia, actos de fe, peregrinaciones y demás actividades de índole religiosa se la apropian junto con el desorden y el caos en la utilización del espacio por parte de una población que no esta dispuesta a “ceder la plaza”.

Tiempo después el general Antonio López de Santa Anna la hace propia y decide realizar un nuevo proyecto para remodelarla, el Palacio Nacional será reformado al igual que los portales, se elimina el mercado del Parían - representación última del poderío económico de los españoles- y sus actividades se trasladan a la Plaza del Volador. Con ello se libera completamente la plaza para el lucimiento y conmemoración de las hazañas militares del “Napoleon de America”, al centro de ella se proyecta el monumento a la independencia del cual solo se construye su base circular (zócalo) dejando el resto del proyecto para presupuestos mejores. La inestabilidad política y la precaria situación económica del gobierno nacional dejan nuevamente a la Plaza Mayor y a la ciudad a expensas de lo que resulte, incluidas invasiones extranjeras, quienes sin mayor gasto en falsos simbolismos simplemente colocaron su bandera sobre el Palacio Nacional provocando el infarto y la indignación de casi todos.

De perdida ponerle su piernita
Zócalo S. XIX


Modernidad centenaria

La modernidad Porfirista continua con la tradición tomando a la Plaza como plataforma de lanzamiento simbólico. El lugar y representación de lo que fuera la fuente – que para entonces ha perdido su valor de uso- es sustituida prácticamente a nivel nacional por un nuevo objeto: El Quiosco, elemento urbano de origen Frances cuya función es múltiple y básicamente pública: conciertos, discursos, bailes y todo aquello digno de ser difundido  y en su caso admirado. El hierro como elemento constructivo hace su aparición y el Quiosco hace gala del nivel de ornamentación logrado con este material, ocupando en muchos casos el lugar central que otrora fuera de la fuente. Con el tiempo y ante la falta de ímpetu y libertad que lo promueva, el quiosco se va transformando, en la mayoría de los casos, en espacio de venta para todo tipo de mercadería.

El Quiskito
Zócalo S.XX


Los elementos que “adornan la plaza” son en buena medida resultado de las actividades que en ellas se desarrollan y estas no son mas que consecuencias de la dinámica urbana en su conjunto, la cual deriva –con la debida disculpa a los antropólogos sociales- de la economía de la ciudad. Con la Revolución Industrial los medios masivos de transporte hacen su aparición y se apropian de la plaza que ahora resulta un nodo urbano de transporte . El tranvía, primero “de mulitas” y después eléctrico, toma el espacio que antes correspondía al rey de España y al mercado que lo sostenía.


El régimen posrevolucionario encuentran en el Zócalo el espació idóneo par su justificación histórica y política. Es el Zócalo el espació representativo de la nación y de su régimen político, de sus representantes y particularmente del presidente en turno. Así de fácil. En el año de 1926 el ministro de Hacienda Ing. Alberto J. Pani decide se remodele la plaza. Así mismo se modifica la forma y disposición de los espacios jardinados y se colocan cuatro  grandes esculturas en bronce, obra del escultor Francés Querol, que representan pegasos y cuatro fuentes en igual número de esquinas. Se retoman viejos elementos con el fin de sacralizar y nuevamente “hermosear” la plaza.


Palacio e Hipsográfico
Zócalo S.XX
El jardín y las fuentes, no sin diversas modificaciones, permanecieron en el Zócalo hasta el año de 1955, año en que los pegasos fueron trasladados a la explanada frente al Palacio de Bellas Artes de donde aun no vuelan. Ese mismo año la plaza sufrió su ultima gran modificación, pues bajo el gobierno de Miguel Alemán el modernismo ortodoxo de la arquitectura no se niega a la experimentación y se decide eliminar casi por completo el jardín de la plaza después de casi cien años de presencia. La concepción de plaza “hermoseada” fue completamente sustituido por una superficie pavimentada con un asta bandera al centro con una pequeña área que si bien no era arbolada si era “jardinado“, Durante un periodo de trece años este espacio y las bancas en hierro fundido, símbolo de un pasado pseudo colonial parecieran negarse a desaparecer del todo, hasta que fueron sustituidos definitivamente bajo el argumento de otorgar monumentalidad al espacio como conjunto y no una derivación de  sus elementos formales y de uso. La plaza y el espacio como un todo. Este culto tiene al parecer una eficiencia notable, gracias a la coherencia polimorfa de sus manifestaciones. Sea cual fuere el medio utilizado por el estado – libro, propaganda, monumento, museo, arquitectura o urbanismo – el discurso dominante se expresa a través de un sistema espacial al que nadie puede escapar: el patrimonio ideológico.


Aun mas parejito
Zócalo S. XX



Encuentre las diez diferencias
Concheros en el Zócalo


Sin embargo la tentación ahí sigue, la omnipresencia priista se abstuvo de colocar nuevos elementos en la plaza, o casi. Con la culminación del nuevo edificio del ayuntamiento y de la Suprema Corte de Justicia se conformó una plazoleta a un costado de la primera, para su digno adorno se mando construir un “conjunto escultórico” que representara la fundación de la ciudad por parte de los Mexicas. El conjuntito representa el avistamiento del águila devorando la serpiente, algunos hombre y una familia con todo y niños terminaron su peregrinar y lo señalan con el dedo no sin cierta cara de asombro y expresión de “ya la hicimos”.












El único elemento que se conservó desde el Porfiriato es el Monumento Hipsográfico, asunto medio extraño por tratarse de una figura femenina en un monumento dedicado a Enrico Martínez quien se destaca y se procura recordar por ser quien logró desecar el valle y contener las inundaciones. En su base se establecen una serie de datos geográficos como la altura de la ciudad sobre el nivel medio del mar, el nivel del lago de Texcoco y se nos ejemplifican las dimensiones del metro. Todo un caso.









Ya en los años setenta con el descubrimiento (meramente etimológico) del Templo Mayor, se cierra la calle de Seminario y se transforma en plazoleta poniendo en ella una especie de fuente que representa a la antigua ciudad de Tenochtitlán y se le agrega aguíta para dejarnos claro que se encontraba dentro a un lago. Actualmente es parada obligada de turistas que en grupo visitan el sitio del templo Mayor.







Donde...donde?
Monumento a la fundación de Tenochtitlan







Ahí, junto al metro!



Monumento a la fundación de Tenochtitlan
Cuando en 1986 el régimen del PRI pierde el gobierno de la ciudad y la plaza comienza a tomar mas un carácter de administración local sobre la Federal el espacio de la plaza se utiliza para cualquier tipo de cosas y ocurrencias. El gobierno en turno ve a la plaza como si de un espacio vacío se tratara que debe de ser llenado y ocupado a toda costa (lo vacio se pierde, lo lleno se apropia). A partir de entonces se vale todo y no importa nada. Lo simbólico se tira al caño y se da rienda suelta al “populismo plazero”. Por suerte no se construyen monumentos, exceptuando un pequeño busto del emperador Cuauhtemoc (no sin cierta reminiscencia contemporánea al primer jefe de gobierno) busto que como siempre no sabemos quien lo pagó ni cuanto le quedamos a deber.


Vamos,vamos... al circo Atayde Hermanos
Zócalo S. XX






















El Ingeniero
Busto de Cuauhtémoc



Atrio y espacio


El espacio que circunda la Catedral es asunto aparte, dentro de este, la iglesia no se ha limitado en sus representaciones y limitaciones, dejando claro que la tesis del espacio vacío no es estrictamente laica. En principio tenemos la estatua de Fray Bartolomé de las Casas, el cual ocupa el espacio dejado por el antiguo edificio del Seminario, el que al ser totalmente demolido durante los años cuarentas después de haber servido como vivienda, hotel, prostíbulo, lugar de juegos y cantina fue demolido, dejando chance para un jardín en cuyo centro  se coloca al dicho prócer (nos encantaría verlo prontamente sustituido por Enésimo Cepeda escala 4 a 1). Jardín que por encontrarse separado del espacio profano por la reja atrial solo algunos pueden visitar, además de haberse convertido durante varios años en espacio de guarda para materiales durante el largo proceso de restauración y nivelación de la Catedral.

En el extremo opuesto de la iglesia, a la entrada de las oficinas de la Catedral, se puede observar una par de esculturas de cuerpo completo que resguardan la puerta, no sabemos quienes son, pero sin duda algunos curas de otra época a quienes al parecer se les hace homenaje y se les concede el sitio por no caber en otro.


Cadenero
Atrio de Catedral


Pásele mijito!
Atrio de Catedral
Recientemente se colocaron dos elementos que son sin duda los favoritos de chicos y grandes, el primero tiene la misma forma que la piedra del sol y ocupa casi el mismo lugar, aunque obviamente lo que representa es muy distinta, el segundo y muy reciente es un elemento escultórico que según la placa fue generosamente donado por uno de los empresarios del agiotismo mas pecador y depredador que han existido en el país: Ricardo Salinas Pliego. Sin duda colgándose del símbolo y pagando de una vez las culpas, que no deudas, que poco probablemente acumule. El "sponsor" propone una escultura del papa Juan Pablo II y como estamos inmersos en tiempos de crisis en esta escultura se integra también la imagen de la Virgen de Guadalupe (padre y madre de una buen vez) y junto con ellos un pequeño conjunto de símbolos que solo los doctos en la materia pueden a bien interpretar (paloma, bastón, cristo crucificado y curiosamente un montón de llaves que conforman la parte posterior de la capa del pontífice y que seguramente están relacionadas a que en algún momento se solicitaron a los devotos que entregarán llaves para que con este material se fundiera la pieza y con eso ahorrarse otra lana). A saber.

De calendario
Atrio de Catedral

T-shirt 3-D
Estatua del Papa
Atrio de Catedral


Ahí están las pinches llaves! (del cielo)
Estatua del Papa (parte posterior)
Atrio de Catedral

En todo caso la plaza se presta para todo y de ahí su condición tentadora, así que, nuevamente, se aceptan propuestas conceptuales y sobre todo formales para definitivamente darle al Zócalo capitalino su monumento definitivo.


Te juro que se va a ver chingón!
Zócalo S.XXI




Efímeros y rápidos
Zócalo S. XXI


Hielito lindo
Zócalo S.XXI